Propiedades de las verduras


PROPIEDADES DE LAS VERDURAS

ALCAUCIL (ALCACHOFA): Este descendiente del cardo es reputado con toda justicia como un medio eficaz para combatir las enfermedades del hígado. Lo que se sabe menos es que era utilizada en el siglo XVII para «calentar y excitar a Venus y para engendrar el maslo», una vez cocida en vino.

Nuestros deplorables hábitos alimentarios hacen que hoy en día no se consuman más que las cabezuelas y el fondo, mientras que sus principios más activos se hallan en el leñoso tallo y en las hojas, que pueden ser utilizadas en decocción para combatir las insuficiencias hepáticas y renales, así como algunos reumatismos. Además, el agua de cocción de los alcauciles, aunque menos activa, constituye un excelente estimulante del hígado.

 

APIO: Su poderoso sabor no gusta a todos los paladares, y es una lástima, ya que, tomado como entrante, constituye un excelente aperitivo. Además, por sus cualidades diuréticas, puede constituir la base de un régimen adelgazante.

 

ARROZ: He aquí otro alimento completo cuyas propiedades bienhechoras para la sangre, propiedades que nuestros modernos especialistas en dietética acaban de descubrir de huevo, eran ya conocidas en el siglo XVIII. Actualmente, os médicos lo recomiendan en los casos de hipertensión y en algunas uremias, cuando la sangre se carga de nitrógeno y de urea.

Desde siempre, el arroz —o mejor, el agua de arroz— la sido considerado como uno de los remedios más eficaces contra la diarrea. Las personas de intestinos frágiles tienen mes la ventaja de prepararse, tres o cuatro veces por semana, un plato de arroz, ya sea para acompañar a una carne, ya sea azucarado en forma de postre.

Preparación del agua de arroz: hacer hervir durante aproximadamente una hora 30 gramos de arroz en un litro de agua. Colar a través de un paño. Consumir natural o azucarada.

 

BERENJENA: Su mayor mérito es, sin ninguna duda, reforzar el lastre intestinal y, por lo tanto, favorecer la eliminación natural de los residuos. Además, algunos autores le reconocen también propiedades estimulantes del hígado y del páncreas.

 

BERRO: Hipócrates veía en él uno de los mejores estimulantes y expectorantes; Dioscórides le prestaba virtudes afrodisíacas; Ambroise Paré lo recetaba para luchar contra a sarna de los niños; hoy en día, el profesor León Binet, tras experimentarlo con ratas, ve en él un medio de retrasar la aparición de algunos cánceres. Una vez más, pues, nos encontramos frente a lo que podríamos llamar una «verdura todo uso». Con plenos méritos.

Contiene cantidades excepcionales de vitaminas A, B 1, B 2, C, E y PP, y es además más rica en hierro que las espinacas y posee más cantidad de caroteno. En estas condiciones, se comprende que sea preferible saborearlo crudo, en ensalada o como guarnición de carnes.

Añadamos a esto que su jugo, obtenido por presión, detiene la caída del cabello, y que se pretende incluso que, mezclado con miel, constituye una pomada insuperable contra las pecas.

Tiene, sin embargo, un defecto. Creciendo como lo hace en un medio acuático, es muy sensible a todo tipo de contaminaciones y en particular a la duela, un temible parásito transmitido por los excrementos de los animales. Es pues —una vez no hace costumbre— mucho más prudente preferir el berro cultivado que el silvestre.

 

CALABAZA (ZAPALLO): Esta buena y gruesa dama, así como su primo el calabacín (zapallín), forma una plácida familia que destila calma. Nada mejor, pues, para asegurarse una buena noche, que degustar un plato de ellas para cenar, gratinadas por ejemplo. Sobre todo teniendo en cuenta que ambos tienen la reputación de atenuar sensiblemente los ardores amorosos.

Nos equivocaríamos, sin embargo, con respecto a la calabaza, fiándonos demasiado ciegamente de esta apariencia tranquila. También sabe mostrarse enérgica, sobre todo cuando se trata de expulsar a un huésped tan indeseable como la tenia. Pero se trata entonces de una pasta preparada a partir de sus semillas lo que conviene emplear, antes que tomar un purgante fuerte. En realidad, numerosas especialidades farmacéuticas contra el parasitismo intestinal están preparadas a base de semillas de calabaza.

 

CARDILLO: El nombre francés de esta planta, pissenlit, dice mucho más que el español acerca de la principal de sus cualidades. Pero no es tan sólo un diurético potente: los científicos han observado que el extracto de cardillo dobla, cuadruplica incluso, el volumen de la bilis excretada en media hora.

Además, el cardillo atempera el exceso de colesterol. No hay pues ninguna razón para privarse de esta deliciosa ensalada, que puede acompañarse de huevos duros o de tocino, pero a condición de no contentarse tan sólo con la porción blanca de la planta, la que crece bajo el suelo. La mayor parte de los principios activos se hallan por el contrario en la hoja verde, un poco más dura quizás, un poco más amarga también, pero mucho más eficaz.

 

CEBOLLA: Posee sus adoradores que se reúnen en el mayor secreto en algún bosque de los alrededores de París, pero, y esto es mucho más serio, fue divinizada por los egipcios, que la hacían entrar en buen número de sus preparaciones medicinales. Ya que, como la col (repollo) o el berro, constituye ella sola una auténtica farmacia. Diurética, estimulante, antiescorbútica, afrodisíaca, tiene además la reputación de secundar poderosamente las curas de adelgazamiento al tiempo que favorece la longevidad.

La mejor manera de comerla es, naturalmente, cruda. Algunas personas no consiguen sin embargo soportar su poderoso aroma. Pueden sin embargo sacar provecho de todas sus cualidades regalándose con una sopa muy reconstituyente.


 

CEREALES: Naturalmente, es bastante raro que uno tenga en su cocina un saco de trigo o de avena. Sin embargo, quizá no resultara inútil proveerse de ellos, debido a los numerosos efectos bienhechores que puede esperarse de su utilización. A condición, por supuesto, de que las plantas hayan sido cultivadas en condiciones «biológicas», y que sus espigas no hayan sido manchadas por los insecticidas.

La avena, en primer lugar, cuya agua de maceración se revela como un poderoso diurético y depurativo.

El trigo a continuación, que, cuando está germinado, es un reconstituyente de primer orden, al mismo tiempo que estimula las funciones sexuales.

Triturados juntos en un molinillo, el trigo y la avena permiten además preparar un caldo insuperable contra la gastroenteritis de los niños de pecho y que ayuda poderosamente a los convalecientes a recuperar sus fuerzas.

 

COL (REPOLLO): El doctor Blanc la llamaba el «médico de los pobres», y es exacto que la col, tanto la normal como la lombarda, es una especie de panacea. Así, Alain Rollat escribe de ella que «fortifica, corta el camino a los microbios, elimina los gusanos intestinales, purifica el conjunto del organismo, regulariza el trabajo del estómago, del hígado, del intestino, equilibra el sistema nervioso, calma los dolores gástricos e intestinales, favorece la regeneración celular,

etc.».

Añadamos que es insuperable contra los dolores, los reumatismos y la artrosis, al mismo tiempo que da cuenta de las ronqueras más rebeldes.

¿Cómo aprovechar tales beneficios? Comiendo repollo, naturalmente, y a ser posible cruda. Cortada en laminillas finas, se adapta muy bien a las sazones tipo vinagreta.

Cocida, esta preciosa verdura conserva aún una gran parte de sus cualidades, y se puede recuperar una voz clara tomando algunas tazas grandes de su caldo. La «buena sopa de repollo» no es ninguna leyenda.

Si se trata de terminar con un reumatismo rebelde, se empleará una cataplasma de la cual Vincent d'Auffray da la receta en su libro titulado Guide pratique des plantes medicinales (Productions de París):

«Retirar del repollo las grandes hojas exteriores, escaldarlas y aplanarlas con una botella o un rodillo de pastelero. Colocar varias hojas una sobre otra para formar una cataplasma, tras haberlas empapado de nuevo en agua muy caliente».remedios caseros

 

ESPÁRRAGO: Sus puntas son sabrosas, y su tallo leñoso constituye, en decocción, un excelente diurético.

Es conveniente sin embargo utilizarlo con moderación, sobre todo quien esté sujeto a cistitis o prostatitis. La preparación, en efecto, resulta muy irritante para el epitelio, y abusar de ella podría provocar un accidente.

 

ESPINACA: Debemos las espinacas a los árabes, pero fue Popeye el Marino, el pequeño personaje norteamericano de historietas, el que las hizo célebres. Imaginar que puedan proporcionar una fuerza hercúlea, sobre todo cuando son consumidas en lata, es pura fantasía. Lo que sí es exacto, en cambio, es que son ricas en hierro y en ácido fólico, lo cual hace de ellas un excelente reconstituyente.

 

GIRASOL: No se trata de una verdura propiamente dicha, sino de una flor que proporciona una semilla de la que se extrae un aceite ligero, particularmente recomendado para todos aquellos que sufren del colesterol o de arteriosclerosis.

 

HINOJO: Egipcios, griegos y romanos lo incorporaban ya a sus preparaciones culinarias, tanto por el sabor que les proporciona como porque

Purga el estómago, aumenta la vista,

De la orina fácilmente provoca la salida.

Y del fondo de los intestinos hace salir los vientos, como  dirán más tarde los doctos médicos de la escuela de Salerno. Sus tallos a la brasa pueden servir para confeccionar sabrosos gratinados, aunque pueden también presentarse simplemente como guarnición para un pescado, como la famosa lubina al hinojo del Mediodía francés.

Sus semillas también son preciosas. Cocidas con leche, permiten confeccionar una tisana que resuelve todos los empachos gástricos o intestinales. En decocción, eliminan las migrañas.

 

JUDÍA (POROTO): Verdes (chauchas), las judías secundan la acción del hígado y del páncreas; secas, no sirven en principio más que para preparar excelentes fabadas. Sin embargo, en el campo, se cuidan mucho

de tirar las vainas tras haberlas desgranado. Secas y hervidas en agua, permiten obtener una bebida muy diurética que soluciona todas las dolencias de los riñones.

 

LECHUGA: Levin Lemnius escribía de ella que «comerla mucho y a menudo apaga el ardor de la lujuria: aquellos que son propensos a la vida fuera del matrimonio y que quieren guardar su castidad deben usarla a fin de apagar el ardor del deseo carnal».

Eso, por supuesto, puede no convenir a todo el mundo.

Es bueno sin embargo saber también que esta ensalada ayuda a combatir el insomnio pero que, para este uso, es infinitamente mucho más eficaz en decocción.

 

MAÍZ (CHOCLO): Demasiado a menudo se tiene tendencia a creer que no sirve más que para la alimentación del ganado. En los Estados Unidos, por ejemplo, es considerado como un dulce, y se sirve acaramelado, o frito para acompañar las famosas barbacoas (parrillas). Sin embargo, no es el grano comestible del maíz lo que contiene los principios medicinales más eficaces, sino la barba que corona la espiga. Conviene pues conservarla cuando se tiene la oportunidad de conseguir espigas enteras.

Desecada, esta barba sirve para hacer una decocción que es capaz de multiplicar por cuatro el volumen de la orina excretada en veinticuatro horas.

 

NABO: Víctima de una mala reputación completamente injustificada, el nabo es un fortificante. En cuanto al jugo, que por su color constituye el origen de su descrédito se obtiene ya sea vaciando el tubérculo y echando en el hueco un poco de azúcar en polvo, ya sea aplastando el nabo crudo con azúcar. Este jugo, además de constituir un jarabe de delicado sabor, calma las irritaciones pulmonares y las toses rebeldes.

 

ORTIGA: Podría parecer paradójico incluir la ortiga entre las verduras. Nada más lógico sin embargo, ya que, si bien no se halla corrientemente a la venta en las verdulerías, las madres de familias campesinas la utilizan aún para preparar sabrosas sopas, que presentan al mismo tiempo la ventaja de ser diuréticas y de facilitar la digestión.

Además, no hay que temer el pincharse al cogerlas, teniendo en cuenta que su jugo es hemostático y vasoconstrictor.

Finalmente, si creemos a Petronio, las sacerdotisas del culto priápico flagelaban con ellas «por encima del ombligo, en los riñones y en las nalgas a los viejos, en los cuales esta parte del cuerpo es más fría que la nieve». Tratamiento utilizado también por otro lado por cierta dama citada por Marcel Rouet, que iba a «recoger ortigas a fin de ofrecérselas a su amante, el cual, provisto de guantes, la flagelaba con ellas...»

Uno no sabe qué admirar más, si el valor de esta dama o la prudencia de su amigo, que tomaba toda clase de precauciones para no pincharse él las manos.

Sea como sea, el autor añade que este tratamiento es también muy eficaz contra la celulitis, lo que podría empujar a algunas damas melindrosas a verificar sus virtudes.

 

PAPA (PATATA): Muy a menudo asociada al puerro en los potajes (sopas), hemos visto que contenía una importante cantidad de vitamina C. Su fécula es además rica en potasio.

Cocidas en agua, las papas reemplazan con ventajas al pan en los regímenes adelgazantes. Es conveniente, sin embargo, no conservar más de veinticuatro horas las papas hervidas, ya que entonces resultan atacadas por un bacilo que es exactamente igual al que desencadena las putrefacciones animales.

 

PUERRO: Pierre Brasseur, tomando en ello ejemplo de Nerón, parece ser que realizaba con él curas regulares a fin de aclarar su voz. Pero lo cierto es que no es tan sólo éste el beneficio que debía obtener, ya que la sabiduría popular sostiene que «una cura de puerros vale lo que una cura en Vichy», debido a lo poderosas que son las cualidades diuréticas de esta verdura.

De hecho, sus propiedades se acercan sensiblemente a las de la cebolla. Como ésta, es una «planta para todo» que se puede consumir de muchas formas, con la diferencia de que tan sólo se come cocido, pero sin olvidar beber el caldo.

 

RÁBANO Y RÁBANO BLANCO: El primero puede ser considerado como una verdura usual, y el segundo como un condimento específico de las regiones del Este de Francia. Sus propiedades son sin embargo tan parecidas que es difícil estudiarlos separadamente.

Ambos, pues, son poderosos expectorantes y tónicos respiratorios. Así, Jean Palaiseul (Nos grand-méres sa-vaient, ediciones Robert Laffont) aconseja masticarlos varias veces al día para combatir la tos ferina. Pero añade que, comidos poco a poco por la mañana, algunos rábanos rosas alivian también a aquellos que se ven afectados de ictericia o urticaria.

 

REMOLACHA: Rica en azúcar, es particularmente recomendada para los adolescentes en pleno crecimiento y para los deportistas. En cambio, y precisamente debido a esta riqueza, es desaconsejada para los diabéticos.

 

SALSIFÍ: Potente diurético, el salsifí favorece la eliminación de los residuos y contribuye también a combatir algunos trastornos sanguíneos, así como los reumatismos y la gota.

 

SOJA: No nos extenderemos sobre las cualidades de esta planta milagrosa, de la que hemos hablado ya en el capítulo consagrado a la dietética. Recordemos simplemente que su riqueza en proteínas y en vitaminas hace de ella un alimento muy completo y muy energético, particularmente recomendado para los adolescentes, los deportistas, las mujeres encintas, así como a aquellos que efectúen trabajos pesados.

 

TOPINAMBUR: Trae muchos malos recuerdos a todos aquellos que, en Francia, han conocido la ocupación y las cartillas de racionamiento. Así, por una injusta inversión de las cosas, este tubérculo, emparentado con el boniato, ha ido siendo abandonado cada vez más. Sin embargo, su valor nutritivo es sensiblemente igual al de la papa y, como sea que favorece las secreciones lácteas, se muestra como un alimento precioso para las madres que dan el pecho a sus hijos.

 

ZANAHORIA: El profesor Binet ha escrito de ella que «da sangre al organismo», y recientemente se ha descubierto que participaba en el aumento de los glóbulos rojos, al tiempo que fortificaba el hígado. Pero la acción benéfica de la zanahoria no se limita —si puede decirse— a esto. El viejo proverbio que sostenía que proporcionaba «unos hermosos ojos y volvía rosados los muslos» es también perfectamente justificado. El caroteno, ha sido constatado científicamente, es en efecto precioso para la vista.

Finalmente, las virtudes diuréticas de esta verdura, favoreciendo la eliminación, contribuyen a aclarar la tez.

 

 

Entre todas las verduras que acabamos de ver, hay un cierto número que poseen cualidades muy parecidas. Lejos de nosotros el quejarnos por ello, al contrario, hay que considerar que se trata de un regalo de la naturaleza, que nos permite así, al tiempo que variamos nuestros menús, continuar de algún modo nuestro «tratamiento» para conseguir el resultado buscado.

Sobre todo teniendo en cuenta que los distintos condimentos y aromatizantes que se hallan a disposición de los cocineros, además de permitir dar a los platos sabores especiales, vienen a reforzar, a menudo de modo muy poderoso, la acción de las verduras.

Soy un apasionado de la medicina natural, los remedios caseros y también un enamorado del enorme poder de las plantas medicinales y sus usos terapéuticos naturales.

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Acerca de Carlos Luengo

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